Menciono lo anterior, ya que la incertidumbre y el miedo se pueden convertir en los catalizadores de una de las crisis más grandes en la historia de la humanidad y de nuestro propio país. Hoy en día, los empresarios, se encuentran bajo las disyuntivas más complejas que implican e implicarán tomar decisiones trascendentales tales como: continuar o no con las operaciones de los centros de trabajo, implementar o no el “home office”, realizar o no estudios sobre la factibilidad de mantener puestos de trabajo encargados de labores que hoy en día no pueden ser ejecutadas (v.g. choferes, gestores, etc.) y principalmente, tomar decisiones sobre la posible reducción de las plantillas laborales o la reducción de sueldos.
Siendo así, que dichas decisiones serán tomadas en momentos distintos y basados en criterios personales totalmente aleatorios; ya que no contamos con directrices gubernamentales claras. Lo que se traduce en una incertidumbre, que llevará a algunas de las empresas a tomar decisiones en el momento adecuado (en el mejor de los casos) y quizá recuperar o mejorar su efectividad; pero a muchas otras empresas las arrastrará a la quiebra, lo cual conllevará colapsar la economía de miles de familias mexicanas.
Las primeras directrices deberían de versar sobre un criterio definitivo e inmediato sobre la actualización o no de la suspensión de las relaciones laborales derivadas de una “contingencia sanitaria”, según lo previsto en la propia Ley Federal del Trabajo; siendo así, que el gobierno federal podría tomar una decisión prudente y a tiempo, en la que se determinen procedimientos para llevar a cabo dicha suspensión de las relaciones laborales con el pago de un salario mínimo; o bien, por otra parte y en un afán de apoyar a todos los sectores, nuestro gobierno podría proponer y ejecutar la modificación expedita de la legislación laboral, para llegar a criterios equilibrados que permitan un punto medio en el que se eleven a más de un salario mínimo los sueldos de los trabajadores en tiempo de suspensión de las relaciones, pero que al mismo tiempo se favorezca a los patrones con esquemas fiscales preferentes que permitan mayores deducciones o el planteamiento de algunos incentivos adicionales para permitir el flujo de la economía.
Algunos países europeos, sudamericanos y nuestros vecinos de los Estados Unidos de Norteamérica, han comenzado a tomar cartas en el asunto y decidieron aplazar o congelar el cobro de servicios, así como establecer nuevos criterios para créditos hipotecarios ante la reducción comprobable de ingresos. Destacando la suspensión, el aplazamiento y/o el fraccionamiento del pago de impuestos, tanto para empresas como para trabajadores; así como el otorgamiento de créditos extremadamente accesibles con tasas y plazos preferenciales o apoyos a fondo perdido, para que las empresas puedan pagar sus nóminas y gastos ordinarios.
Sin embargo, recordemos que en nuestro país las medidas no han sido comunicadas con claridad, a pesar de que muchas empresas o negocios ya se han paralizado por completo. Siendo que, por otra parte, los gastos en los hogares mexicanos no han parado y siguen corriendo los plazos para pagar hipotecas o los créditos contraídos con anterioridad, así como continúan los cargos por servicios de primera necesidad como el pago de derechos por consumo de agua, la electricidad e inclusive las exigencias mayores que la tecnología ha demandado como lo son algunos servicios de comunicación o las plataformas de entretenimiento digital.
El momento para exigir certeza jurídica ha llegado; a sabiendas de que esto implicará que las decisiones gubernamentales muestren rigor e inclusive sacrifiquen futuros votantes al detener algunos programas populistas basados en modelos clientelares de apoyos gubernamentales. Se trata de que nuestros funcionarios olviden la política partidista e implementen acciones para pensar como auténticos gobernantes.
La exigencia de la certeza jurídica permitirá que, a través de nuestro marco jurídico, se pueda generar un andamiaje que lleve a la pronta recuperación de todos los sectores, en un país que combina la economía formal e informal a escalas inimaginables. De lo contrario, el clima de incertidumbre podría desatar un caos que afectará a empleados y a empleadores, mismo que quizá incitará el despido masivo de los trabajadores y la quiebra de los sectores más productivos del país, lo que conllevaría elevar la economía informal a la que tanto se ha buscado combatir e incorporar en la formalidad. Aunado a ello, podríamos ver una reducción de las arcas públicas que tendrá como efecto el estancamiento de los sistemas de educación y salubridad que tanta falta harán en los próximos meses.
Deseo de todo corazón que ustedes y sus familias se encuentren bien, les pido se cuiden y nos cuidemos, para que juntos demostremos que México es grande y sabe salir adelante.
FUENTE:
https://www.forbes.com.mx/la-importancia-de-la-certeza-juridica-en-tiempos-del-covid-19/