Tras la llegada de los españoles a tierras americanas una de las primeras situaciones a resolver por parte de la Corona, de conformidad con la herencia dejada por Isabel de Castilla, fue la de la evangelización de los habitantes de las nuevas tierras, quienes como súbditos de la Corona Española, estaban obligados a ser católicos.

En empresa tan complicada se contaron con medios idóneos como el grupo encabezado por Fray Martín de Valencia o ejemplos de paciencia y templanza como el de Fray Toribio de Benavente o Don Vasco de Quiroga quienes de manera exitosa realizaron campañas de evangelización y cuyo ejemplo fue poco copiado, con la salvedad de loables excepciones.

Como consecuencia del actuar por parte de las autoridades civiles y religiosas en el proceso y quema en la hoguera de 183 sospechosos de herejía entre 1536 y 1543, de entre los cuáles fue la punta de lanza el juicio del noble mexica Carlos Ometochtzin, quién había sido condenado por los delitos de herejía e idolatría sin ninguna posibilidad de defensa o escucha y con el fin de mantener la pureza de la fe, de acuerdo al pensamiento de la época, Felipe II ordenó la fundación del Tribunal del Santo Oficio en tierras de Nueva España en 1569, con la expresa prohibición de conocer los asuntos en que se vieran implicados los indígenas, aunque no por ello se debe pensar que hubo silencio respecto de los castigos que en materia de fe deberían de imponerse a los indígenas.

Para este sector de la población se instituyeron mecanismos diferentes que en un actuar similar al del Tribunal del Santo Oficio, juzgaron, sancionaron y aplicaron la pena de muerte a muchos indígenas. El silencio o desconocimiento respecto a este particular es consecuencia de las carentes menciones que se hace por la obvia exaltación que se realizaba de labores de cristianización,omitiendo la resistencia de muchas poblaciones a la conversión plena que en la mayoría de los casos fueron llevados por la fuerza o que para evitar ser castigados se alinearon a la conversión disimulada dando origen a peculiares centros de peregrinaje como Chalma o el Tepeyac en los que confluyen visiones opuestas y que se han sincretizado gracias al miedo hoy ya superado.

Por más increíble que resulta, el remedio a los excesos de los tribunales de indios y de las acciones de la jerarquía que habían encontrado su justificación en las encomiendas de Felipe II, vendrían a toparse con pared con la acción de Fray Bartolomé de las Casas quien tomaría como vía de camino el testamento de Isabel la Católica quién ordenó que :


“No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien”

Aunque como buen dominico y en apego a la letra arguyó la esclavitud de los negros, pero eso,es otra historia.

Fuentes:

“Los indios, la inquisición y los tribunales eclesiásticos ordinarios en Nueva España, definición, jurisdiccional y justo proceso” , Jorge E Traslosheros, Instituto de Investigaciónes Históricas, UNAM, México, 2019.

“La inquisición para indios en la Nueva España”,Roberto Moreno de los Arcos, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México, 1990.

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